
El mole varía dependiendo de los ingredientes usados (mole rojo, mole negro, mole verde) y de la región donde se elabora (mole poblano, mole oaxaqueño, etc.).
Y aún así cada región tiene sus propias combinaciones. Por ejemplo, el estado de Oaxaca, famoso por el mole oaxaqueño, es el más oscuro y con sabor más ahumado. Tiene al menos 6 tipos:
Mole negro: Elaborado con nueces, frutas, chiles, canela, hoja santa y mucho chocolate.
Mole rojo: Similar al mole negro y mole poblano, los sabores y el color dependen del uso de chiles como el guajillo.
Mole verde: Pepitas, cilantro, tomatillos, son algunos de sus ingredientes.
Mole amarillo: Suave, picante y sin chocolate.
Mole coloradito: Muy similar al mole rojo, un poco más dulce, ya que lleva plátano macho.
Mancha manteles: Tiene de todo, sabores dulces, agridulces, salados y picantes. Chile ancho y piña son algunos de sus ingredientes.
Mole de Pipián, hecho a base de tomatillos y chiles, dependiendo del chile será el color del pipían, aunque generalmente puedes ver pipián verde, amarillo y rojo.
No importa cuál mole prefieras, ya que no existe una sola “receta secreta” para esta salsa. Chefs, mamás y amantes del buen comer por todo México ya han creado su propia versión.
El mole también varia en su presentación, ya sea en polvo, en pasta o líquido. Los supermercados lo venden generalmente en su modo líquido, listo para usarse. El mole en polvo requiere que se le agregue caldo de pollo al cocinarse y la pasta, la cual posiblemente es la forma más usada puede congelarse por meses y usarse hidratándola con caldo de alguna carne, ya sea pollo, res, o puerco.
Como sea, siempre es delicioso y ofrece una experiencia única al paladar.
El mole se sirve tradicionalmente con pavo y acompañado por arroz, frijoles y tortillas. Popularmente se sirve sobre pollo, aunque también puede servirse sobre otras carnes, pescado o verduras… ¡ es así de versátil!
¿Cuál es tu favorito?



